Puede que esté obsesionado.

O puede que, simplemente, tenga razones para publicar todas las semanas sobre el banco Santander y sus andanzas. Acabo de decidir que voy a abrir los Ocho Días de Oro del Banco Santander. Seguro que termino tendiendo material para la quincena fantástica.

Vamos a comenzar con “Anti Corrupción imputa a dos directivos del Santander por estafa en las convertibles.”

La historia es conocida y no quiero aburrirles con demasiados detalles, solo recordar que la escabechina que provocó el Santander entre sus clientes al venderles como plazos fijo unos productos de alto riesgo e inadecuados para la mayoría de los destinatarios se saldó con unas pérdidas del 55%. El 68% de los suscriptores eran minoristas que suscribieron un 40% del total emitido.

€3,850 millones se volatilizaron por arte de birlibirloque de los bolsillos de los inversores. Millones que se embolsó el Santander, obviamente.

Botín, que era un auténtico zorro, buscó “compensar” a los que compraron aquella basura tóxica ¡buscando que le entregaran más dinero! Era un auténtico genio a la hora de dar la vuelta a la tortilla y quería aprovechar el enfado para que suscribieran un nuevo seguro con dinero nuevo con el cual sí que recuperarían parte de la inversión vía mayores rendimientos.

Bueno, pues alguien ha decidido actuar y hay dos directivos del Santander que van a tener que dar alguna explicación sobre qué pasó allí, en concreto sobre la comercialización.

Santander está perdiendo la una parte considerable de los pleitos que han afrontado y transa algunas de las reclamaciones que se le presentan. La mejor situación para el cliente es que la orden de suscripción esté firmada antes de la aprobación del folleto por la CNMV, los vendedores se lanzaron en tromba a por los incautos clientes antes de que se pudiera disponer de la información, simplemente porque tal información no existía. Cuando “aceptaban haber recibido el folleto informativo” se daba la paradoja de que tal folleto no existía. Estos acuerdos para resarcir a los clientes por las pérdidas sufridas incluyen una cláusula de confidencialidad.

Cerramos con la mención al aviso que lanzó la CNMV respecto a los valores en su momento. Hasta que la mención a dichas advertencias sea obligatoria en la publicidad de los productos, destacada con la misma fuerza con la que se publicitan las “ventajas”, tales advertencias serán inútiles hasta mucho más allá de lo comprensible.

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