Es el fin de PRISA tal y cómo la conocíamos.

Como cantaba REM aunque también hay que reconocer que PRISA dejó de ser lo que era hace ya mucho, desde que el nuevo Rey Midas, salvo que a la inversa, todo lo que toca lo convierte en basura radioactiva, tomó las riendas del grupo, después de una carrera jalonada de éxitos en todos los proyectos en que se embarcó. La venta a precio de saldo de Sogecable a Telefónica es sólo uno más de los grandes éxitos de Juanlu.

(Se puede argumentar que el precio de venta es más o menos el adecuado, que el precio desorbitado fue el de la compra de Sogecable por PRISA. Así, ahora resulta que Sogecable se quedará con apenas un 20% de la plantilla, después del ERE de el País, un medio que jamás en su historia dio pérdidas y que ganó dinero a espuertas, dinero que sirvió para financiar todas las ideas delirantes de Cebrián).

En fin, que tenemos las convertibles de PRISA cotizando a apenas un 60% del precio de conversión mañana y los bancos acreedores van a perder unos €100 millones.

¿Alguien piensa que no se lo van a cobrar? Van a tener el control del periódico más importante, aunque cada vez más cuestionado por su mismo mercado objetivo, de este país. Y ya hemos visto lo que pasa cuando hay que (des) informar de lo que le pasa al Santander por ahí fuera.

Lo que está pasando con el País lo veo como si hubiera dos vagones del metro de Tokio, aquel en el que hay trabajadores cuyo encargo es empujar a los viajeros para que entren en un vagón ya atestado. Tendríamos el vagón de la prensa de derechas, en el cual estarían empujando a el País para que cupiera en un segmento ya más que explotado, y tendríamos un vagón de izquierdas en el que los lectores harían señas desde la puerta, “eh, ¡que estamos aquí! Apenas cuento Infolibre como un medio de izquierdas, el Diario me parece un proyecto grotesco. Una cosa es posicionarse a favor de ciertas ideas, como el feminismo, y otra publicar cosas como las de Beatriz Gimeno, Eugenia Palop, María Concepción Torres Díaz o Miguel Lorente Acosta. El País también ha hecho sus pinitos con el hembrismo pero siempre pasa lo mismo: en presencia del original y la copia, siempre se elige el original, como le pasó a Convergencia i Unió cuando trató de ocupar el espectro político de Esquerra.

 

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