El efecto demostración.

Estoy convencido de que la envidia es la fuerza más poderosa del Universo. Así que el “Efecto demostración” no hace más que confirmarla. Se define como el Interés que se aprecia en un individuo o grupo de individuos cuando están inmersos en un grupo o entorno social determinado por pretender equiparar su nivel de consumo al del entorno o incluso al de una clase social superior a la suya y, por tanto, por adquirir el mismo tipo de bienes y servicios que les suministran el mismo grado de bienestar.

Un efecto secundario de este efecto, inconsciente, es el famoso “¿cómo no voy a comprar lotería de la empresa? ¿Y si le toca a esta panda de bastardos y a mi no?”.

Uno más sutil es una lotería holandesa cuyo premio no se otorga a un número como tal o combinación: se otorga a todos los habitantes del código postal que salga en el sorteo….siempre que tales habitantes hayan comprado un boleto.

Epílogo: Ignacio Escolar cumple una tradición que repite anualmente, publicar la cita de Heinlein “La lotería es un impuesto  que grava a las personas que no saben matemáticas”. Es como el abuelo contando las mismas historias de la mili todas las cenas de Navidad o el borracho que repite lo que se le ha metido en la cabeza pero con postureo intelectualoide.

Mi tradición es responderle con lo que plantea Greg Eggan en el relato corto Eugenesia. Lo ve un impuesto sobre la esperanza. El personaje ve pasar los próximos cuarenta años en un trabajo que odia y que apenas le proporciona para pagar el alquiler como insoportable sin una infinitesimal posibilidad de escaparsi es que le tocara el premio. (Hay quien dice que no puedo soportar el reto de quedar como un snob mayor al que me encuentre).

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