El “asesoramiento” de las entidades bancarias.

Volvemos a un tema recurrente, pero es que no hay más remedio que abundar en el mismo mientras apenas el 5% de los españoles busquen un asesoramiento independiente a la hora de invertir.

Apenas unas citas:

Revista Inversión, editorial de Alejandro Ramírez el 5 de julio de 2,013: “El tiempo se ha detenido en las sucursales bancarias”

Según una encuesta del Instituto de Estudios Bursátiles e Inversis , el 87% de los clientes acuden a su oficina bancaria a buscar asesoramiento para sus ahorros. Pero se siguen encontrando con que le venden más que le asesoran. Acuden al banco en busca de productos rentables pero les colocan los productos que más rentabilidad den al banco, no al cliente.

Los bancos tenían que ofrecer productos sencillos, fáciles de entender, adaptados en todo momento al perfil del que lo demandaba y mantener una relación más cercana, más estrecha con el cliente para solucionar todos los problemas que le llevan a visitar la sucursal.

Es significastivo que en todas las entidades a las que hemos ido a buscar un destino seguro para un dinero que teníamos en depósito las respuestas recibidas han sido muy parecidas: un fondo garantizado que se trata de vender como si fuera lo mismo que un depósito, como si no hubiera diferencias y como si las condiciones del garantizado no tuvieran mucha importancia.

Estudio “Huya de los consejos tóxicos”, revista OCU Inversores, abril de 2,013:

Según datos de la CNMV asesorar a los clientes sobre temas de inversión es un negocio muy poco significativo para bancos y cajas. Sin embargo, las comisiones que reciben de terceros es una fuente de ingresos muy importante, lo que hace sospechar que los consejos puedan estar algo sesgados.

Nuestro sondeo muestra que tres de cada cuatro asesores no han hecho un perfil de su cliente en los últimos cinco años, algo de obligado cumplimiento antes de acometer algún tipo de inversión.

Tampoco han preguntado por otros aspectos clave como el horizonte temporal de la inversión (el 72% no lo hizo), el nivel de tolerancia al riesgo (68%) o la composición total de nuestros ahorros (87%).

¿Qué consecuencias tuvo este mediocre asesoramiento? Pues que casi la mitad de los encuestados (un 46%) aseguraron que obtuvieron una rentabilidad peor o mucho peor que la que esperaban inicialmente.

(Aquí debe intervenir el bloguero omniscente: este dato sólo es relevante si la rentabilidad que se esperaba obtener se pregunta ex-ante, en el momento de contratar la inversión, y no a posteriori, cuando el resultado de la inversión ya se ha dado. Es evidente que si preguntamos hoy si el año pasado debiéramos haber obtenido más de lo que sea la respuesta más habitual sea que sí, preguntemos sobre lo que preguntemos).

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