Invertir en sectores que trabajen commodities y no en commodities.

Ya he hablado de invertir en fondos que trabajen en la cadena de valor de sectores concretos: el vino, el oro, arte (aunque no sea estrictamente commodity), etc.

(Inciso: puede ser el arte el próximo sector que estalle si se democratiza el acceso a las obras (evidentemente no Picassos, pero puede que autores si tanto reconocimiento puedan ser una buena compra para fines estéticos y decorativos, no como inversión)

¿Por qué no me parece buena idea invertir en el producto como tal y sí en los sectores que lo trabajan? Por ejemplo, Viñedos, embotelladoras, productoras de cristal para las botellas, productoras de corcho (aunque los recientes avances en corchos de plástico puede que les hagan daño), etc. para el vino.

La razón: porque los precios de las commodities son muy volátiles. Muchísimo. Ya hemos comentado lo que pasó con dos aguilillas que se arruinaron especulando con la plata y que consiguieron hundir su precio ¡Un 50% en un sólo día! No es habitual, pero fíjense cómo el precio del oro ha caído alrededor de un 33% desde finales del 2,012 rompiendo una tendencia al alza justificada en parte por su condición de “activo refugio“. Y tenemos al Presidente de ETF Securities diciendo que “el precio del oro se puede triplicar y llegar a los $3,000″, a lo que yo sólo opondría el que:

– se puede triplicar, ¿para cuando?. Porque no hay duda de que el Nikkei puede recuperar los 38,915 puntos que alcanzó en diciembre….. de 1,989 en el culmen de la burbuja de la vivienda. Hoy anda por los 15,908 y gracias, ni la mitad.

– Graham Tuckwell tiene un pequeño, pequeñísimo, interés en que se canalicen inversiones hacia las materias primas. Bueno, no tanto, porque ETF sea el mayor grupo de materias primas no vamos a dar por sentado que su consejo sea sesgado.

– su fondo ETFS Physical Gold tiene un historial de rentabilidad…ejem…mejorable

(Por cierto, cómo presentan sus productos en su página principal me encanta: nos ponen los “top performers” con urnas rentabilidades de las que no cuentan el momento inicial desde las que se han dado: puede ser un mes, tres años….. Una pequeñita trampa pero sin mayor trascendencia)

El gráfico del precio del trigo parece una montaña rusa que da miedo.

Invertir en botellas de vino, al calor de las noticias que nos dicen que se ha pagado una burrada de dinero por una botella de vino concreta (y concreta es la palabra clave: es una de muchísimas de ese año, no nos dicen cuánto se ha pagado por las otras de esa cosecha) y que sólo costaba un 5% de lo que se ha pagado ahora. Aparte de este problema (que podemos llamar sesgo de selección) hay otro mucho más importante: ¡El vino se pica! Como no tengas una lugar especialísimo para conservarlo, te puedes encontrar con el vinagre más caro del mundo.

Salvo que la botella de vino pase a ser lo que el Profesor Pablo Fernández contaba sobre la especulación de latas de sardinas en tiempos de escasez en su libro “Valoración de empresas“: la lata de sardinas iba de mano en mano aumentando su valor en cada transacción hasta que llega a uno que estaba demasiado hambriento como para no comer las sardinas. Al abrirla se encuentra con que las sardinas están rancias y no se pueden comer. Quien le vendió la lata le dice: “¿Estás loco? ¡Esta sardinas eran de las de especular, no de las de comer!”

Pues eso, que si damos con la botella de especular a lo mejor hasta sale bien, aunque tengo mis dudas, pero como al comprador se le ocurra considerarla de las “de beber” nos podemos ir preparando para una reclamación de las buenas.

Y otro problema: hay otros operadores que han entrado en el mercado de las botellas de vino. ¿Brokers? No. ¿Emisores de derivados? Se mencionan en alguna literatura pero no estoy seguro de su desarrollo. No son a los que me refiero.

Me refiero a los falsificadores de botellas de vino.

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